Con motivo de la celebración del Día Mundial del Agua, Cáritas defiende el acceso universal al agua como un derecho humano fundamental. A pesar de ello, la escasez del líquido elemento en todo el mundo está causando graves problemas y sufrimiento a numerosas comunidades que probablemente empeorarán en el futuro.

 

La red internacional de Cáritas participa en el Foro Mundial del Agua que se celebra en Brasil desde el pasado 18 de marzo y que concluye mañana, donde se debaten soluciones a nivel global para garantizar la seguridad hídrica, el intercambio equitativo y el uso responsable de los recursos hídricos y medidas para prevenir la sequía y otros desastres.

Se estima que alrededor de un tercio de la población mundial está bajo estrés hídrico y para el año 2025 se espera que dos tercios padezcan una creciente escasez de agua a medida que aumente su demanda.

El cambio climático provocado por el hombre, el manejo ineficaz de los recursos, las prácticas agrícolas insostenibles y la contaminación provocada por la minería contribuyen a la escasez de agua.

Gracias a su trabajo humanitario en todo el mundo, Caritas es testigo de los efectos perjudiciales de la escasez de agua en las familias y las comunidades, especialmente los pobres. Además, las catástrofes naturales en determinados países han provocado una enorme demanda de ayuda humanitaria, a las que la red Cáritas intenta dar respuesta inmediata. Destacan, en concreto, las crisis registradas en distintas regiones del planeta:

– Las fuertes lluvias en Perú y Colombia, que han causado derrumbes y flujos de lodo, que han provocado cientos de muertos.

– En el este de África, millones de personas han muerto a causa de la hambruna provocada por una sequía que ha diezmado el ganado y destruido las cosechas.

– En el sur de Asia, las fuertes lluvias monzónicas han causado inundaciones devastadoras que han afectado a 45 millones de personas.

– En Etiopía, más de 10 millones de personas dependían del suministro de alimentos y agua en 2016. Cuando en 2017 llegaron las lluvias, fueron tan intensas que 300.000 personas se vieron obligadas a huir.

Además de las catástrofes humanas, Caritas es testigo de cómo la escasez de agua puede agravar situaciones críticas causadas por tensiones sociales, políticas, étnicas y religiosas. En el Medio Oriente, por ejemplo, el pueblo palestino se enfrenta a graves carencias en los suministros de agua y deficiencias de infraestructuras.

La falta de inversiones en programas de desarrollo rural en Asia significa que 2,3 millones de personas en Nepal no tengan agua potable y que 700 niños menores de cinco años mueran cada año debido a la insalubridad del agua potable y a un saneamiento deficiente. Además, los sistemas de riego no están lo suficientemente desarrollados y las comunidades no están preparadas para ahorrar agua durante las estaciones húmedas y tener reservas para uso doméstico y agrícola durante las estaciones secas.

Aprovechando su presencia en el Foro Mundial del Agua, Cáritas Internationalis insta a los participantes en esta cita a garantizar que:

– Cada Estado asuma su responsabilidad de garantizar el acceso a agua de calidad para todos, especialmente los más desfavorecidos.

– El agua sea vista como un recurso colectivo que requiere un buen gobierno. Es esencial para todas las partes interesadas (Gobiernos nacionales y locales, organizaciones civiles y empresas privadas) trabajar juntos para fortalecer la transparencia, la cooperación y el intercambio justo de los recursos hídricos.

– Se adopten medidas para el uso racional y responsable del agua, tanto a nivel individual como a nivel estatal, basadas en la solidaridad con las poblaciones y los países más desfavorecidos.

De manera específica, además, Cáritas señala que:

– La seguridad del agua es fundamental para la resiliencia y la mitigación climáticas. Es necesario trabajar en un modelo integrado de agricultura y agua para aumentar la resiliencia y aliviar al máximo el impacto del cambio climático. Es necesario incorporar estas medidas a nivel comunitario para cambiar el comportamiento de la comunidad.

– La reducción del riesgo de desastres y la prevención serán cada vez más importantes en la ayuda humanitaria a nivel mundial como estrategias clave para la adaptación a las consecuencias del cambio climático.

– Es necesario invertir en la gestión del agua para que las comunidades rurales tengan acceso al agua potable. Los Gobiernos y otras partes interesadas deben trabajar para garantizar la responsabilidad y la sostenibilidad en la gestión del agua, para ayudar a las comunidades rurales a desarrollar su capacidad.

– La participación de los agricultores en la conservación del suelo y el agua es vital. La gestión sostenible del agua es esencial para una agricultura igualmente sostenible. Debe aumentarse la conciencia de las comunidades sobre las buenas prácticas de riego para evitar las pérdidas de agua y aumentar la productividad de la tierra y el trabajo.

– Se debe buscar la colaboración entre las diferentes partes interesadas para mejorar la preparación para la sequía y adoptar una estrategia de alerta temprana para permitir que las comunidades ahorren agua durante las estaciones húmedas para poder usarla durante las estaciones secas.

El agua tiene nombre de mujer

“El agua es femenina. Este dicho, muy repetido en la zona del Fouta Toro, entre Mauritania y Senegal, pone de manifiesto la importancia del rol de la mujer en la gestión de este recurso natural”, explica la cooperante de Cáritas Española en Mauritania, Soledad Gutiérrez, para quien el binomio “mujer y agua” son “equivalentes a motor de desarrollo de las comunidades”. “Cada vez se acepta más el rol que las mujeres desempeñan en la gestión del agua, lo que podría dar pie a un cambio en las relaciones de poder”, añade.

Para esta experta de Cáritas en el Sahel, “las mujeres son la clave del éxito de los programas y políticas para el desarrollo de los recursos como el agua. Esta relación comienza a ser cada vez más evidente en Mauritania, donde se han creado comités mixtos de gestión de los recursos naturales y construido pozos para riego de los huertos gestionados por mujeres”.

En ese país africano, donde Cáritas Española cuenta con una larga trayectoria de acompañamiento en desarrollo a la Cáritas local, Soledad destaca cómo las cooperativas femeninas han conseguido desarrollar una actividad generadora de ingresos y producir alimentos para el consumo de las familias.

“En un país en el que el control y la herencia de los recursos naturales benefician exclusivamente a los hombres, la creación de comités de gestión compuestos en un 50% por mujeres está permitiendo que puedan opinar, decidir sobre el uso del agua y formarse en el buen aprovechamiento y el mantenimiento de las infraestructuras”, asegura.