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Se acerca la Navidad. A pesar de la crisis económica, cuyas repercusiones han de notarse necesariamente en los comercios y en otros lugares de habitual consumo en estas fechas, habrá en muchísimas casas gastos extraordinarios más o menos grandes, según las posibilidades de cada familia. Y, desde luego, no faltará la alegría propia en los hogares no especialmente castigados por la difícil situación que atravesamos.

Demos gracias a Dios porque nos permite vivir el gozoso acontecimiento navideño con la paz y la alegría que debió embargar a los Pastorcillos cuando les anunció el Ángel que Jesucristo había nacido en el Portal de Belén. Procuremos vivir esta celebración cumpliendo todos los requisitos que nos pide la fe recibida del Señor como un inmenso don. Que esta fiesta no sea sólo ni preferentemente externa, sino que se fundamente en la vivencia interior de lo que significa el Nacimiento del Hijo de Dios ente nosotros. Él vino para compartir nuestra historia y enseñarnos a caminar hacia la plenitud humana y sobrenatural. Ojalá cayéramos en la cuenta de lo grande que es vivir en la Iglesia siendo conscientes de la obra de Dios en nosotros. No perdamos la ocasión de acercarnos un poco más a Jesús en cada celebración de la Navidad. Que la alegría exterior, legítima y buena, no carezca de la necesaria profundidad y de la auténtica motivación sobrenatural.

Pero el acercamiento a Jesucristo, no acontece únicamente en la celebración religiosa de la Navidad. Él, que nació pobre, se hace especialmente presente en los pobres. Así nos lo ha enseñado manifestándonos que, cuando damos un vaso de agua, o abrigo, o comida, o techo, o consuelo a uno de los que sufren hambre, sed, frío, soledad o cualquiera de las carencias que nosotros tenemos cubiertas, todo eso se lo hacemos a Él, porque los pobres son su imagen más significativa. Por eso, al preparar la Navidad os propongo una cosa razonable y accesible a todos los que no sufrimos la grave carencia de lo imprescindible y básico. Puesto que la mesa familiar de Navidad es un signo de la alegría, de la fraternidad y del amor que a todos nos une y nos hace mejores inclinándonos a obrar bien, ¿por qué no ponemos también silla en nuestra mesa a un invitado, ausente de nuestra casa, pero no de nuestro corazón? Lo explico.

Acordarnos de los pobres, de los que no tienen trabajo, de quienes han de reducir incluso el número de comidas cada día por falta de medios, sería un gesto no sólo propio de la caridad cristiana, sino también eficaz para la ayuda de los más necesitados. ¿Qué os parece si cada familia dedicara a los pobres el importe de la comida correspondiente a un miembro de la familia en la cena de Noche Buena, en el día de Navidad y en la fiesta de Año nuevo?.

Yo sé que, con motivo de la Navidad, muchos ofrecen sus presentes y donativos a instituciones caritativas, pensando precisamente en los más desposeídos. Pero a nadie se le oculta que, en estos momentos, las necesidades verdaderamente llamativas han aumentado en más de un sesenta por ciento sobre las anteriormente conocidas. Y, lo peor del caso, es que esas carencias afectan ahora a familias que antes no las habían sufrido; por ello, además de la necesidad, sienten los efectos de una situación para ellos vergonzante como es la de tener que recurrir ahora a la caridad ajena.

Quiero agradecer, en nombre de los pobres atendidos, todos los esfuerzos que cada uno haya hecho, esté haciendo o vaya a realizar. El Señor os lo premiará. Pero, además de ello os pregunto. ¿No cabe un invitado más a vuestra mesa en estos días? ¿Qué pasaría si llegara inesperadamente un familiar muy intimo? ¿Dejaríamos de atenderle? ¿Entrarían en crisis los recursos familiares para comer en esos días? Pensemos en eso y seamos generosos, considerando que esa podría ser nuestra ofrenda, como buenos pastorcillos ante el portal de Belén. No olvidemos a los inmigrantes que llegaron como la sagrada familia llegó a Belén.

Enviad vuestras ofrendas en dinero o en especies a las instituciones ya conocidas y que tenéis cerca en vuestras Parroquias o en Cáritas Diocesana, “PARA UN INVITADO MÁS”.

Que el Señor bendiga vuestra generosidad, y que os conceda una feliz Navidad llena de sentido cristiano y de alegría interior compartida con vuestros seres más queridos.

 

Santiago. Arzobispo de Mérida-Badajoz