La vuelta al cole que no todas las familias pueden pagar
Los datos de FOESSA muestran que las desigualdades económicas también condicionan el acceso efectivo a derechos básicos como la educación y ponen sobre la mesa una pregunta necesaria: ¿es realmente gratuita la educación cuando su coste deja atrás a algunas familias?
En septiembre volvemos al cole. Una gran y buena noticia que, no obstante, genera también otras no tan buenas. Según un informe de la OCU publicado en agosto de 2026, este evento supone un coste medio de entre 500 y 505 € por familia, si hablamos solo del desembolso inicial, o de casi 2500 si lo hacemos del coste total del curso escolar.
Se trata siempre de cantidades medias, que luego varían sustancialmente en función de si se estudia en la pública, en la concertada o en la privada, y también dependiendo de la comunidad autónoma en la que se viva.
Si cruzamos estos datos con la distribución de la renta de los hogares que ofrece el INE, el desembolso inicial supondría para un 16 % de los hogares más de un 33 % de sus ingresos mensuales netos. En este desembolso inicial, la parte del león se la llevan la ropa y el calzado junto con los libros de texto, que juntos suponen más de la mitad.
Pero dejando ya los cálculos hechos sobre medias, en la última encuesta Foessa el 4 % de los hogares manifestaban haber tenido dificultades para afrontar los gastos escolares, lo que en términos absolutos equivale a 750 000 hogares en España.
Esta y otras muchas realidades ponen de manifiesto cómo, junto al reconocimiento de lo mucho y bueno de nuestro sistema de educación pública, subsisten en él profundas desigualdades que dañan los principios de universalidad y gratuidad del sistema. El sistema educativo debe tomar conciencia de ellas para hacerse cargo desde dentro y no caer en la tentación de despejarlas hacia el sistema de servicios sociales o hacia la acción del tercer sector. A riesgo de profundizar en la dualización (uno para pobres y otro para ricos )del sistema.



