Nuestro día a día11/03/2026

Un taller de manualidades que se convierte en espacio de apoyo mutuo para mujeres que viven soledad no deseada

Hay días en las que el gesto más importante no es lo que se hace con las manos, sino lo que ocurre alrededor de la mesa: una conversación que empieza tímida, una risa compartida, una historia que se cuenta sin prisas.

En la Cáritas Parroquial de Azuaga, el taller de manualidades se ha convertido en un espacio de encuentro para mujeres que viven soledad no deseada. Muchas de ellas llegan al proyecto tras haber quedado viudas o por atravesar momentos donde la compañía escasea. A través de este proyecto se busca crear espacios de encuentro donde las mujeres puedan compartir tiempo, experiencias y apoyo mutuo.

Al grupo suelen acudir en torno a 24 mujeres. Muchas llegan animadas por otras mujeres del propio grupo; otras se incorporan tras una invitación del equipo que acompaña el proyecto, cuando identifican que pueden beneficiarse de este espacio de encuentro.

La primera vez no siempre es fácil: salir de casa, cruzar la puerta, sentarse con personas desconocidas. Por eso, el cuidado en la acogida es parte del proyecto: escuchar, respetar ritmos y hacer que cada mujer se sienta reconocida.

Desde la Cáritas Parroquial se busca crear un ambiente cercano y acogedor, donde cada mujer se sienta escuchada y acompañada. Más allá de las actividades que se llevan a cabo, el objetivo final es crear comunidad entre las mujeres, generando un entorno donde puedan conversar, divertirse, crear y compartir experiencias entre todas ellas.

“En el grupo de Cáritas me siento acompañada. Compartir este espacio con otras mujeres que también necesitan compañía me ayuda mucho.”Gracia Valencia, participante del Proyecto de la Cáritas Parroquial de Azuaga.

La soledad no deseada no siempre se ve, pero pesa. Por eso, espacios como este son importantes: porque devuelven algo básico que a veces falta -presencia, conversación, pertenencia- y porque recuerdan que la respuesta a muchas heridas sociales empieza por lo comunitario. Cada encuentro se convierte en un espacio donde lo más importante no son las actividades que se llevan a cabo, sino los lazos que se crean entre quienes participan. 

Durante sus encuentros, las participantes realizan diferentes trabajos de manualidades que les permiten desarrollar su creatividad mientras comparten tiempo juntas. Porque, al final, lo importante no es solo lo que se crea con las manos, sino los vínculos que se reconstruyen en comunidad.